Gestión del riesgo frente a El Niño: entre la miopía territorial y la corresponsabilidad nacional
- Capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas

- hace 2 días
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Actualizado: hace 5 horas
Una amenaza que exige preparación
El Fenómeno de El Niño no es un evento fortuito ni una sorpresa estacional; es un patrón variacional del clima perfectamente documentado, predecible y con impactos estructurales ampliamente estudiados en nuestra geografía.
Sin embargo, cada vez que el déficit de precipitaciones aprieta y las temperaturas alcanzan máximos históricos, la misma pregunta vuelve a salir a flote:

¿Qué tan preparada está realmente Colombia para afrontar esta amenaza?
La respuesta técnica exige abandonar el triunfalismo institucional y asumir un análisis riguroso.
Aunque el nivel central emite circulares, lineamientos de alistamiento y alertas tempranas, existe una marcada brecha entre la teoría de la gestión del riesgo y la realidad operativa de los territorios.
Hoy, la preparación del país es profundamente inequitativa y asimétrica.
La miopía institucional en los entes territoriales
El principal cuello de botella de la gestión del riesgo en Colombia no radica en la falta de información, sino en la ausencia de dimensión técnica por parte de numerosos entes territoriales.
En una parte sustancial de los municipios —especialmente en aquellos de quinta y sexta categoría—, las administraciones locales continúan abordando el Fenómeno de El Niño desde una postura reactiva y no preventiva.
Aún no se ha terminado de dimensionar la escala del impacto: desabastecimiento hídrico, afectación directa a la seguridad alimentaria, pérdida irreversible de biodiversidad en ecosistemas frágiles como los páramos y pérdidas económicas sustanciales para el sector agropecuario.
Reducir la preparación ante El Niño a la simple espera de que caiga la lluvia o a la improvisación presupuestal cuando los embalses bajan críticamente es una negligencia institucional que cuesta vidas, patrimonio y recursos públicos.
Los CMGRD: del trámite a la estrategia
Aunque la Ley 1523 de 2012 es taxativa: la gestión del riesgo es un proceso social y una responsabilidad directa de los gobernantes.
En este esquema, los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo de Desastres (CMGRD) son el cerebro estratégico del territorio.
Lamentablemente, en muchos municipios estos consejos han sido reducidos a trámites burocráticos que se reúnen únicamente para declarar "calamidades públicas" cuando la emergencia ya sobrepasó sus capacidades.
Los CMGRD deben asumir su rol técnico de manera prioritaria a través de tres tareas fundamentales:
Actualización e implementación de los Planes de Contingencia
No como documentos de anaquel, sino como instrumentos operativos con escenarios de riesgo claros y asignación presupuestal precisa.
Sistemas de Alerta Temprana y monitoreo territorial
Identificación oportuna de puntos calientes, control estricto a las quemas "controladas" y protección activa de las fuentes abastecedoras de acueductos.
Garantía de transferencia de recursos
Sin apropiaciones presupuestales previas para la reducción y la preparación, la respuesta operativa es un mito.
Bomberos: respuesta inicial, no responsabilidad exclusiva
Existe una premisa equívoca y culturalmente arraigada en Colombia: la idea de que la gestión de los incendios forestales y la atención del desabastecimiento es una tarea exclusiva de los Cuerpos de Bomberos.
Si bien es cierto que dentro de nuestra misionalidad constitucional y legal está dar la primera respuesta a los incendios forestales y atender eventos conexos, los bomberos no somos ni podemos ser los únicos responsables de la gestión del riesgo.
La atención del fuego es apenas la última fase de un sistema que falló previamente en la prevención, el ordenamiento territorial y la fiscalización.
Combatir un incendio forestal en topografías complejas implica un desgaste operativo, humano y financiero desproporcionado.
Transferir la totalidad del peso de la emergencia a las unidades bomberiles —muchas de las cuales operan en condiciones precarias y con convenios desfinanciados— es un error técnico e institucional.
Una tarea de corresponsabilidad nacional
Afrontar el Fenómeno de El Niño exige entender que la preparación es un engranaje transversal.
La gestión del riesgo es una tarea de todos:
De los alcaldes y gobernadores
Liderando con rigor técnico y financiando adecuadamente sus fondos de gestión del riesgo y a sus organismos de socorro.
De la comunidad
Erradicando de manera absoluta las quemas agrícolas, evitando la disposición irresponsable de residuos que generan efecto lupa y denunciando a los pirómanos.
Del Gobierno Nacional
Garantizando que el apoyo subsidiario y aéreo llegue a tiempo y sin trabas burocráticas a las regiones más apartadas.
La preparación no puede esperar
El Fenómeno de El Niño pondrá a prueba, una vez más, nuestra capacidad institucional.
Colombia solo estará verdaderamente preparada cuando entendamos que apagar el fuego es el deber del bombero, pero evitar que el país se queme es una responsabilidad colectiva que no admite más dilaciones.



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