top of page

La ciencia detrás de las réplicas sísmicas

  • Foto del escritor: Capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas
    Capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas
  • 12 ago
  • 3 min de lectura

Actualizado: 1 sept

Cuando la tierra se sacude con fuerza, el instinto humano de supervivencia nos hace pensar que lo peor termina en cuanto el suelo deja de moverse. Sin embargo, minutos, horas o días después, la tierra vuelve a temblar. Son las réplicas.

Para la población, estas sacudidas subsecuentes suelen generar nuevamente angustia e incertidumbre, reviviendo el pánico del sismo principal. Pero desde el punto de vista de la geofísica, las réplicas no son eventos aleatorios ni caprichosos; son el testimonio directo de un planeta tratando de recuperar su equilibrio.


Rescatistas y ciudadanos participan en las labores de búsqueda entre los escombros de una estructura colapsada, tras el terremoto que afectó a Colombia.
Rescatistas y ciudadanos participan en las labores de búsqueda entre los escombros de una estructura colapsada, tras el terremoto que afectó a Colombia.

¿Por qué ocurren las réplicas?


Para entender por qué ocurren, basta con imaginar la corteza terrestre como un gigantesco rompecabezas mecánico bajo una presión descomunal.

Cuando una falla geológica cede y provoca un terremoto de gran magnitud, no libera toda la energía de forma limpia ni uniforme. El movimiento principal rompe un segmento de la falla, pero deja los bloques rocosos adyacentes desalineados y llenos de fricción.

Las réplicas no son más que el proceso de "reacomodo" de la corteza terrestre: pequeñas fracturas secundarias y ajustes de presión que la masa rocosa necesita realizar para asentarse en su nueva posición.


Una paradoja de la ciencia


Aquí surge una paradoja compleja. Aunque la humanidad aún no puede predecir cuándo ocurrirá el primer gran terremoto —el evento principal—, la ciencia sí ha logrado estimar con notable precisión el comportamiento de sus réplicas, tanto en tiempo como en magnitud.


¿Cómo es esto posible?


La clave radica en las matemáticas estadísticas desarrolladas a partir de la observación empírica de miles de sismos en todo el mundo:


La frecuencia en el tiempo (Ley de Omori)


Formulada a finales del siglo XIX, esta ley demuestra que la frecuencia de las réplicas disminuye de manera inversamente proporcional al tiempo transcurrido desde el sismo principal.


Es decir, si en las primeras 24 horas ocurren decenas o cientos de réplicas, con el paso de los días esa frecuencia decae siguiendo un patrón matemático predecible.

Habrá menos eventos a medida que pasa el tiempo.


La magnitud estimada (Ley de Båth)

Esta regla empírica establece que la réplica más fuerte suele tener una magnitud en promedio entre 1.0 y 1.2 grados menor que la del terremoto principal.

Si el sismo inicial fue de magnitud 7.0, la ciencia prevé que la réplica más grande rondará un valor cercano a 5.8 ó 6.0.


La distribución de magnitudes (Ley de Gutenberg-Richter)

Nos indica que por cada réplica de cierta magnitud, habrá exponencialmente más réplicas de magnitudes menores.


Lo que la ciencia realmente puede predecir

Por ende, cuando los seismólogos hablan de "predecir" réplicas, no se refieren a señalar el reloj y decir:

"A las 4:15 p.m. temblará con magnitud 5.2".

Esa predicción puntual sigue siendo imposible.

Lo que la sismología moderna calcula es una probabilidad estadística robusta. Tras un terremoto, los modelos computacionales pueden determinar cuántas réplicas se esperan en un lapso determinado, cuál es el límite superior de magnitud esperada y cómo decaerá la actividad sísmica con el transcurso de las semanas.


Del miedo a la preparación

Comprender la naturaleza de las réplicas transforma el miedo en preparación.

Saber que la tierra debe seguir moviéndose para estabilizarse nos permite reaccionar de forma racional, evaluar daños en estructuras vulnerables ante nuevos impactos y confiar en que la matemática geológica, aunque invisible a nuestros ojos, está marcando el camino hacia el retorno paulatino de la calma.


 
 
 

Comentarios


bottom of page