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La desidia que nos quema: El doloroso letargo del fortalecimiento bomberil en Colombia

  • Foto del escritor: Capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas
    Capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas
  • 20 jul
  • 5 min de lectura

Actualizado: hace 5 días

Entre el heroísmo y el abandono


Colombia, denominada por muchos como el país del Sagrado Corazón; un territorio donde nos hemos acostumbrado a aplaudir a nuestros bomberos en medio del desastre y a olvidarlos tan pronto la ceniza se transforma en abono para la tierra.


Detrás de cada uniforme que desafía las llamas o salva una vida en el fango del desconsuelo, se esconde una paradoja dolorosa: el heroísmo que nos salva a diario se sostiene aún sobre un sistema institucional frágil, desigual y peligrosamente desatendido.


Fotografía © Ct. Álvaro Eduardo Farfán Vargas
Fotografía © Ct. Álvaro Eduardo Farfán Vargas

Fortalecer no es entregar equipos para la foto


Mucho se habla desde los escritorios capitalinos y las tribunas políticas sobre el "fortalecimiento institucional".


Es un término elegante que decora discursos rebombantes gubernamentales y llena páginas de planes de desarrollo. Sin embargo, en la práctica, se ha reducido a una visión puramente cosmética: entregar un casco o unos elementos en un acto público, tomar la foto oficial, firmar actas de compromisos y considerar que el deber está cumplido.

La realidad de las emergencias no sabe de burocracia ni de propaganda política.


Un verdadero fortalecimiento institucional no consiste en la simple compra de elementos para entregarlos en ocasiones al azar —sin evidenciar las necesidades técnicas reales de cada Cuerpo de Bomberos—, ni en maquillar organigramas.


Fortalecer la institucionalidad es estructurar un sistema estratégico que funcione con procesos, cultura y capacidades sólidas, capaz de operar de manera autónoma y digna, sin importar el tinte político del gobierno de turno.


El verdadero peligro no es solo que las oficinas públicas funcionen lento, sino que terminen por vaciarse de sentido.


Las reglas del juego


Cuando se plantea un fortalecimiento institucional, no solo se debe desarrollar la línea básica de compra de más equipos, vehículos ni presupuestos más inflados.

Lo que se debe establecer es lo que el Nobel de Economía Douglass North definía con lucidez: robustecer esas "reglas del juego" —tanto las leyes escritas como los pactos éticos invisibles— que dan estructura e incentivos a una sociedad.


Fortalecer una institución es lograr que sus reglas sean tan claras y predecibles que ningún caudillo de turno pueda jugar con ellas a su antojo.


La inequidad territorial del sistema bomberil


Hoy, la radiografía de los bomberos en Colombia revela una profunda injusticia territorial y una flagrante distorsión en la asignación de recursos.


La Ley 1575 de 2012 consagró la misión de estas instituciones como un servicio público esencial y una política de Estado. Pero la ley, sin recursos coherentes ni voluntad política descentralizada, es letra muerta.


La llamada sobretasa bomberil funciona con relativa holgura en las grandes capitales, permitiendo la financiación de Cuerpos de Bomberos robustos.


El problema radica en que el sistema actual premia la riqueza local en lugar de mitigar la vulnerabilidad: asistimos a la ironía de ver cómo a las instituciones bomberiles ya fortalecidas se les siguen sumando equipos y vehículos, mientras en otros territorios, Cuerpos de Bomberos de municipios de categorías 5 y 6 —sumidos algunos en la precariedad absoluta— enfrentan el fuego con las uñas.


Esta es la inequidad estructural que nos lidera.


Municipios sin protección bomberil


Es inaceptable que casi 400 municipios del país carezcan de un Cuerpo de Bomberos constituido.


Millones de compatriotas en zonas rurales y periféricas dependen del azar o de la solidaridad de localidades vecinas, perdiendo esos valiosos minutos iniciales que marcan la diferencia entre la vida y la muerte.


No se puede apagar un país en llamas con promesas archivadas mientras equipos especializados, en ocasiones, languidecen en bodegas centrales por trabas burocráticas o por la incapacidad de ejecutar recursos de manera oportuna.


Hacia un Fondo de Compensación Regional


Es urgente reformar el modelo de recaudación de la sobretasa bomberil para transitar hacia un Fondo de Compensación Regional.


Las capitales y municipios con superávit deben aportar un porcentaje a este fondo común que, sumado a la inyección obligatoria de recursos del Presupuesto General de la Nación, se redistribuya exclusivamente bajo criterios de vulnerabilidad climática y carencia técnica, priorizando a los municipios más desprotegidos.


Transparencia técnica contra el clientelismo


Para lograr una verdadera transformación, no basta con transferir dinero; la asignación y ejecución de estos recursos deben estar blindadas por procesos profundamente honestos, transparentes, equitativos y estrictamente técnicos.


Debemos erradicar el clientelismo y la improvisación en la entrega de dotaciones, pues cada peso invertido debe responder a estudios de riesgo reales y no a favores políticos ni a conveniencias del momento.


La transparencia en la contratación y la rendición de cuentas públicas deben ser el estándar inquebrantable de la gestión del riesgo.


Un sistema basado en las necesidades reales


Se debe implementar un Tablero de Control de Necesidades Técnicas de acceso público y administrado por la Dirección Nacional de Bomberos.

Este sistema debe cruzar los mapas de riesgo de la UNGRD con el inventario real de cada municipio.


Ninguna adjudicación de vehículos, equipos o herramientas debería hacerse por fuera de este orden de prioridad técnica, eliminando de raíz la discrecionalidad política en las entregas.


El talento humano: el alma de la institución


Asimismo, el alma de nuestra institución es su talento humano.

Esta labor, basada en la vocación pura y el apostolado de servir al prójimo, se enfrenta hoy a una amenaza silenciosa: el individualismo rampante de nuestra sociedad y el desamparo estatal.


Resulta desgarrador ver cómo en la periferia los bomberos exponen su salud y su vida sin una seguridad social digna, sin garantías estables de protección y, a menudo, mendigando recursos para el combustible o el mantenimiento de sus vehículos de emergencia.


Dignificar al bombero


Dignificar esta labor exige estandarizar la formación técnica a través de escuelas de formación unificadas, proveer equipos de protección personal bajo estándares internacionales y estructurar planes de carrera basados estrictamente en el mérito y la profesionalización técnica.


El Gobierno Nacional debe decretar la creación del Estatuto Único del Bombero, el cual garantice por ley una base de seguridad social financiada directamente por el Estado central para los bomberos voluntarios de zonas vulnerables.


Asimismo, se deben establecer convenios con instituciones de educación superior para formalizar la carrera técnica bomberil y la profesionalización de su personal, asegurando que el mérito y la formación dicten el crecimiento profesional.


Fortalecer no es apagar incendios con paliativos


El fortalecimiento no es "apagar el incendio" del día a día con paliativos temporales.

Es mirar a los ojos a quienes arriesgan todo, entender su dolor y construir con ellos un sistema robusto, coordinado en tiempo real con la UNGRD, donde la tecnología esté al servicio de la vida y no del papeleo.


Cuidar a quienes nos cuidan


Es aquí donde se hace un llamado reflexivo y urgente al Gobierno Nacional, a las administraciones departamentales y municipales, y a la sociedad civil:

Dejemos de romantizar el sacrificio.


Cuidar a quienes nos cuidan no es una opción presupuestaria ni un favor político; es el deber moral de una nación que aspira a llamarse humana y civilizada.


Cumplir la ley, financiar el Fondo Nacional de Bomberos con el presupuesto de la patria y exigir procesos transparentes y técnicos: esa, y no otra, sería la verdadera "patria milagro" que necesitamos los colombianos.

 
 
 

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