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Tres décadas de la Ley 322: luces, sombras y deudas con la gestión del riesgo bomberil en Colombia

Foto del escritor: Capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas
Capitán Álvaro Eduardo Farfán Vargas
4 oct
4 min de lectura

Actualizado: 6 oct

Hace exactamente 30 años, un 4 de octubre de 1996, Colombia dio un paso histórico en materia de seguridad ciudadana y atención de emergencias con la promulgación de la Ley 322 de 1996.


Por primera vez en la historia legislativa del país, la labor bomberil dejó de ser vista como una simple tarea asistencial o de caridad y fue elevada al rango de servicio público esencial, a cargo del Estado e imprescindible para la salvaguarda de la vida, los bienes y el medio ambiente.


Hoy, al llegar a este hito de tres décadas, resulta imperativo hacer una pausa reflexiva y objetiva: ¿cuánto hemos avanzado?, ¿cuáles son las deudas pendientes y hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos?


SISTEMA NACIONAL DE BOMBEROS LEY 322 de 1996
SISTEMA NACIONAL DE BOMBEROS LEY 322 de 1996

la evolución: de la voluntad al profesionalismo técnico


El balance de estos 30 años no puede desconocer los notables avances. La transformación iniciada con la Ley 322 y posteriormente fortalecida y desarrollada por la Ley 1575 de 2012 modificó de manera importante la identidad del bombero colombiano.


Pasamos de cuerpos de socorro empíricos y desarticulados a instituciones con mayores niveles de profesionalización, formación y especialización.


Hoy, los bomberos de Colombia —tanto oficiales como voluntarios y aeronáuticos— cuentan con procesos de formación especializada y capacidades para enfrentar escenarios como el rescate técnico, la atención de materiales peligrosos, la gestión de incendios forestales y las operaciones estructurales de alta complejidad.


La consolidación de un marco normativo unificado también permitió fortalecer el Sistema Nacional de Bomberos y avanzar hacia una identidad jurídica e institucional más definida.

Sin embargo, el dinamismo de los riesgos del siglo XXI —agravado por la crisis climática, el crecimiento urbano desordenado y la complejidad de las emergencias socio-naturales— contrasta con las deficiencias estructurales que todavía persisten en diferentes territorios del país.


Las deudas del Estado y la brecha territorial


A pesar del mandato legal que responsabiliza a los municipios y distritos de garantizar la prestación del servicio público esencial de bomberos, la realidad en las regiones continúa siendo altamente dispar.


En la Colombia profunda y en gran parte de los municipios de cuarta, quinta y sexta categoría, la prestación del servicio todavía enfrenta dificultades asociadas a la voluntad administrativa, la disponibilidad presupuestal y la capacidad institucional de cada territorio.


Nos encontramos frente a un escenario que merece especial atención:


  • Inestabilidad financiera: la sobretasa bomberil, concebida como una de las fuentes de financiación local, en algunos territorios presenta dificultades relacionadas con su recaudo, transferencia y oportunidad.

  • Precarización operativa: algunos cuerpos de bomberos voluntarios deben operar en condiciones de vulnerabilidad, enfrentando períodos sin contratos o convenios vigentes, vehículos que requieren renovación, equipos de protección personal que necesitan actualización y dificultades para garantizar condiciones adecuadas de operación.

  • Falta de cobertura integral: todavía existen zonas del territorio nacional donde la capacidad de respuesta bomberil es limitada o depende del apoyo y la solidaridad de municipios vecinos.


Esta realidad demuestra que Colombia no cuenta con una capacidad bomberil homogénea. Mientras algunos territorios han logrado consolidar importantes capacidades técnicas y operativas, otros continúan enfrentando grandes limitaciones.


La desconexión política y la urgencia de una visión de Estado


El núcleo del problema no reside necesariamente en la falta de capacidad técnica o en la entrega de nuestras unidades, sino también en el desconocimiento que persiste en algunos escenarios políticos e institucionales frente a la dinámica operativa y legal del servicio bomberil.


En ocasiones, el convenio bomberil continúa percibiéndose como una “dádiva” o un “gasto presupuestal opcional”, cuando debería comprenderse dentro del marco de las responsabilidades institucionales relacionadas con la protección de la vida y la gestión del riesgo.


La gestión del riesgo de incendios y rescates tampoco puede ser entendida únicamente como una respuesta frente a la tragedia.


Es, ante todo, una inversión en prevención, seguridad, protección de la vida, protección ambiental y resiliencia territorial.


Cuando un municipio fortalece a sus bomberos, no está simplemente financiando una estación.


Está fortaleciendo su capacidad para proteger a la comunidad.


Esta desconexión entre la realidad operativa y las decisiones administrativas dificulta la consolidación de mecanismos de financiación permanentes, oportunos y sostenibles que permitan reducir la dependencia de las fluctuaciones políticas locales.


El reto hacia el futuro


Celebrar 30 años de la Ley 322 no significa únicamente recordar el pasado. Significa asumir con rigor los desafíos del presente y construir una visión de futuro para el servicio bomberil colombiano.


Cumplir a cabalidad con este servicio público esencial exige avanzar, entre otros aspectos, en tres grandes líneas:


  • Garantía presupuestal efectiva: fortalecer y garantizar oportunamente los recursos destinados al servicio bomberil, así como mejorar los mecanismos de control sobre los recursos que deben ser destinados a su operación.

  • Dignificación laboral y protección social: establecer esquemas claros que permitan proteger la vida, la seguridad, el bienestar y el futuro de las unidades operativas que diariamente enfrentan situaciones de alto riesgo.

  • Pedagogía institucional: fortalecer la formación y sensibilización de alcaldes, gobernadores y demás responsables de la administración pública frente a sus obligaciones legales y responsabilidades en materia de gestión del riesgo y servicio bomberil.


Treinta años después


A 30 años de aquel 4 de octubre de 1996, los bomberos de Colombia podemos mirar hacia atrás con la satisfacción de haber construido una historia marcada por la vocación, el sacrificio, la profesionalización y el compromiso con el país.

Pero también debemos mirar hacia adelante.


Los desafíos actuales exigen una nueva visión.


El riesgo ha cambiado.Las emergencias han cambiado.El territorio ha cambiado.

Y el sistema bomberil también debe seguir evolucionando.


Los bomberos de Colombia han demostrado durante décadas su compromiso inquebrantable con la vida, los bienes, el ambiente y el servicio a la comunidad.


Ahora es momento de que el Estado, en todas sus esferas, asuma plenamente el suyo.

Salvar vidas no puede seguir dependiendo únicamente de la abnegación de nuestros hombres y mujeres.


Requiere una política pública real, robusta, sostenible y respetada en cada rincón de la geografía colombiana.


Treinta años después, la Ley 322 no solo nos invita a recordar lo que hemos construido. Nos obliga a preguntarnos qué estamos dispuestos a construir para las próximas tres décadas.

 
 
 

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